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Por Thomas Sparrow y Camilo Jiménez

CULTURA - Raul Zelik, un alemán experto en política latinoamericana, viene al Hay Festival de Cartagena para hablar sobre Venezuela y Colombia. Desde Berlín, habló con Semana.com sobre la relación de ambos países, sobre paramilitarismo y narcotráfico.
Lunes 25 Enero 2010

PUBLICIDAD - Un joven académico alemán se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores expertos en Europa sobre política latinoamericana, especialmente sobre temas de conflicto en Colombia. Su nombre es Raul Zelik, fue profesor invitado de la Universidad Nacional de Colombia durante 2009 y su último libro es un extenso estudio sobre el paramilitarismo en este país.

Este berlinés es uno de los invitados al Hay Festival de Cartagena, que comienza este 28 de enero y termina el próximo domingo, para hablar sobre la crisis con Venezuela. Autor de “Venezuela: más allá de Chávez”, conversará sobre el tema con el escritor Enrique Serrano.

En entrevista con Semana.com, Zelik presenta al paramilitarismo como la esencia del drama colombiano, explica por qué no viene a Cartagena para defender a Chávez, pero sí a Venezuela, y defiende a capa y espada la polémica idea de una desprivatización de los medios.

¿Dónde nace su interés por Colombia?
Llegué a los 20 años a trabajar en un albergue de desplazados en el Magdalena Medio. Así conocí la guerra. Me di cuenta de que la situación era desconocida para muchos. Llegué para aprender y trabajar con desplazados. Desde entonces me siento comprometido con los campesinos.

Pero usted es escritor...
La escritura es una forma de lidiar con la impotencia de no poder hacer algo ante una realidad tan horrible. Mis experiencias en el país han sido el motivo de mis escritos periodísticos, sociológicos y literarios.

Su más reciente estudio lleva el título Los paramilitares colombianos: ‘gobernar sin Estado’ o formas terroristas de la seguridad interior. Y su tesis principal: la fuente central del drama colombiano es el paramilitarismo. ¿Dónde quedan actores como la guerrilla y el narcotráfico?
Nunca he desconocido el papel de las guerrillas. Pero creo que al país se le está mintiendo desde hace tiempos sobre lo que realmente pasa en las zonas de conflicto. Los paramilitares, en asocio con el Ejército, son responsables de la mayoría de las violaciones de derechos humanos. Y sin embargo, basta revisar un archivo de prensa para constatar que los medios dirigen la mayoría de sus trabajos en contra de la guerrilla y no en contra de esta alianza nefasta. Aunque es cierto que en los últimos años ha habido importantes investigaciones sobre el paramilitarismo.

¿Cómo cataloga usted los crímenes perpetrados por las Farc?
Es cierto que el secuestro es inaceptable, es una tortura. Pero no hay que olvidar lo siguiente: en Colombia se habla mucho de secuestro; en cambio, de las más de mil masacres y del desplazamiento campesino el cubrimiento es limitado. Todo el mundo conoce a Colombia como el país del secuestro. ¿Pero quién lo conoce como el de las masacres con motosierra?

¿Cómo define al paramilitarismo?
El paramilitarismo es una estrategia de represión y dominación que se volvió informal, que surge del Estado, pero que a la vez lo transforma.

¿Quién domina a quién?
Las élites político-económicas a una mayoría que consideran peligrosa. En el corazón de esas élites, las funciones del Estado se han vuelto informales para mantener la dominación con mayor eficacia. Se han apoderado del Ejecutivo, cambiando así la correlación de fuerzas dentro del mismo Estado.

¿Quiénes integran esas supuestas élites?
Veamos cómo surgió el paramilitarismo en el Magdalena Medio. Hubo una alianza informal entre ganaderos, políticos, militares, empresas petroleras transnacionales y el narcotráfico. Era, por cierto, una alianza inestable, pues el Estado luego entró en choque con un sector del narcotráfico. Pero el paramilitarismo nunca se independizó. Su objetivo siempre fue mantener el estatu quo político y económico para evitar una revolución social.

¿Y dónde queda la violencia de la guerrilla?
Esa violencia también es parte de la tragedia. Pero insisto: el paramilitarismo es el verdadero drama, pues ha llevado el terror más allá de cualquier límite. Recordemos lo que ha pasado en El Salado, en Chengue, en Mapiripán, en Gabarra, en Barrancabermeja y en cientos de otros pueblos.

¿Siente simpatía por el proyecto chavista?
Llevo 20 años pendiente de Venezuela, y me parece limitado pensar que lo que sucede hoy allá sólo es expresión del gobierno de Chávez. La situación actual de Venezuela estriba en una profunda crisis de representación de las élites tradicionales, que durante 40 años usurparon al país. El descontento generalizado que esto decantó en una serie de movimientos sociales, cuya consecuencia fue la llegada de Chávez al poder.

Pero Chávez no es sólo consecuencia. Él es el motor de un movimiento profundamente ideológico. ¿Se identifica con él?
Puede sonar paradójico, pero pienso que Venezuela se ha democratizado en los últimos once años. Entre 2003 y 2005, hice una investigación en los barrios populares de Caracas, y allá la gente me dijo que se sentía reconocida por primera vez como ciudadanos. Los cambios siempre los hacen las mayorías, por lo cual no necesariamente me siento identificado con el gobierno de Chávez. Pero sí siento simpatía.

¿Por qué?
Es el gobierno que menos ha reprimido a los pobres y el que más los ha tenido en cuenta. Comparado con gobernantes anteriores, Chávez es más legítimo y más democrático. Es un error desconocer eso. Y lo digo, aunque su retórica agresiva no me guste.

Usted ha sido invitado al Hay Festival para hablar sobre el conflicto colombo-venezolano.
¿Viene a defender a Chávez?


No. Si yo pienso que en Venezuela los pobres por fin tienen representación política, esa idea no es necesariamente chavista. Pero sí se diferencia de la postura de la oposición y de las clases medias que, por cierto, son racistas y clasistas. Lo interesante de Venezuela son esas nuevas voces. No deberíamos reducirlo todo a la figura del presidente.

¿Y cuáles son los méritos de Chávez?
Él ha cuestionado la injusticia social y política. Además, el problema es que hay muchas manipulaciones en torno a él.

¿Cómo cuáles?
Hace poco Chávez afirmó que la Unión Europea es cómplice del posicionamiento militar de Estados Unidos en el Caribe. La prensa luego escribió que Chávez estaba amenazando a la Unión Europea, como si estuviera completamente loco. Pero él sólo señaló que las bases gringas en las Antillas Holandesas son parte de un posicionamiento militar.

Pero la presencia estadounidense no es nueva...
Cierto, y siempre se ha dirigido contra gobiernos democráticamente electos. La presencia gringa no se debe a la lucha antinarcóticos. El desafío de Washington en Latinoamérica son los gobiernos de izquierda.

Usted es alemán y en su país hay más de 70 bases gringas...
¡Bienvenido quien quiera cuestionar también esas bases! Lo digo porque los puntos de apoyo gringos en Alemania han formado parte de una red de secuestros que ha montado la CIA durante los últimos nueve años.

¿Se considera anti-americano?
Le parecerá extraño, pero siento mucho respeto hacia Estados Unidos. Es una nación con una fuerte tradición democrática. Miles de estadounidenses perdieron la vida para liberar a Europa del fascismo. Así que no soy anti-americano. Pero cuestiono las bases estadounidenses, en Colombia y en Alemania, porque considero que establecen zonas de excepción e impunidad que se salen del control democrático y judicial.

Oficialmente, las bases en Colombia tienen el fin de combatir el narcotráfico...
De los documentos militares oficiales se extrae que las bases no servirán exclusivamente para la lucha contra el narcotráfico, sino también para actuar contra gobiernos considerados “enemigos de Estados Unidos”. En este sentido, los temores venezolanos son legítimos.

¿Justifica las agresiones verbales de Chávez?
Su retórica a veces es torpe, pero el contenido es correcto: estamos presenciando el reposicionamiento de Estados Unidos en América Latina. Y eso es una amenaza no sólo para la delincuencia o la guerrilla, sino también para gobiernos democráticamente electos.

Muchos creen que lo de Chávez no es más que retórica y una cortina de humo para esconder los problemas internos de Venezuela...
Es válido cuestionar el discurso de Chávez. Pero no olvidemos que él ya sufrió dos intentos de golpe y que estos fueron apoyados desde el exterior, entre otros, por paramilitares colombianos. El gobierno venezolano podrá ser paranoico. Pero eso, hasta cierto punto, es comprensible.

¿A sabiendas de la cercanía de Chávez con la guerrilla colombiana, no está usted defendiendo un discurso doble?
Yo entiendo los temores del gobierno colombiano. Los militares venezolanos tienen cierta tolerancia frente a la guerrilla en la zona fronteriza. Pero no creo que sea un apoyo militar o logístico, se trata de un reconocimiento político...

En Colombia se da por hecho que hay apoyo financiero y logístico. Pero aun si éste fuera sólo político, no puede negar que es un problema.
Estoy de acuerdo con que la posición de Chávez es parte del conflicto. Pero siempre hay que cuestionar primero lo que pasa en casa: en Venezuela señalar los errores venezolanos; en Europa, los europeos, y en Colombia, los errores colombianos.

Pero hay argumentos sólidos para criticar a Chávez desde el exterior...
De acuerdo, hay cosas cuestionables. La corrupción y las burocracias siguen controlando al país. En vez de democratizar a la sociedad, se la ha estatizado.

Chávez persigue a la oposición política y quiere perpetuarse en el poder...
Para un militante de la oposición, Colombia es un país más peligroso que Venezuela.

Aun si fuera verdad, eso no le quita lo negativo a la represión del régimen de Chávez.
Hay que ser más preciso. El hecho de que un canal privado de televisión haya perdido su licencia no es expresión de una dictadura. Al contrario: en una democracia verdadera los medios no deberían estar en manos de unos pocos consorcios, sino en manos públicas.

En una democracia verdadera, Chávez debería respetar la libertad de expresión...
No, en una democracia los medios no deberían ser propiedad privada. En especial, los medios masivos como la televisión. En Europa, por ejemplo, la televisión privada es un fenómeno reciente. Hay países como Dinamarca que tienen una fuerte cultura democrática y desconocen los canales privados. Tal como en la educación, donde se mantiene el papel hegemónico del Estado, la radio y la televisión deberían ser un bien público. Público, no estatal. A los monopolios privados de la información no les interesan las mayorías, sino ciertos intereses privados.

¿Cómo ven en Europa el conflicto?
Yo pienso que Colombia sigue necesitando una solución política. Porque hay elementos del conflicto que aún tienen legitimidad: por ejemplo la lucha por una reforma agraria. Si se diera esta reforma, se le quitaría un caballo de batalla a la guerrilla. Y así la insurgencia estaría obligada a repolitizarse o a desaparecer.

 

 

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