http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAMR230042004

 

AMNISTÍA INTERNACIONAL INICIO DOCUMENTACIÓN Ir directamente al contenido principal

OTROS SITIOS DE AI

 

ACERCA DE AINOTICIASDOCUMENTACIÓNACTÚACAMPAÑASCONTACTOPUBLICACIONESMenú principal

EnglishFrançaisArabicenlaces otros idiomas

Documentación

 

 

Menú de la sección

 

¡Actúa!

 

 

Enviar esta página

 

Versión para imprimir

DOCUMENTACIÓN AMÉRICA SUDAMÉRICA COLOMBIA

Índice AI: AMR 23/004/2004

      

20 de abril de 2004

 

[No publicar antes de: 20 abril de 2004]

Público

Amnistía Internacional
Colombia
Un laboratorio de guerra: Represión y violencia en Arauca

Resumen

Índice AI: AMR 23/004/2004

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAMR230042004

A causa de su importancia estratégica en materia económica, militar y geográfica, el control sobre el departamento de Arauca ha sido un factor fundamental para todos los agentes armados de Colombia –las fuerzas de seguridad, los paramilitares respaldados por el ejército y los grupos armados de oposición–, todos los cuales mantienen una fuerte presencia en el departamento. Arauca ha atraído también la atención de Estados Unidos, que ayuda a financiar la protección militar del oleoducto de Caño Limón, un conducto que atraviesa el departamento y es en parte propiedad de la empresa petrolera estadounidense Occidental Petroleum.

A lo largo del último año, el gobierno del Presidente Álvaro Uribe ha utilizado el departamento de Arauca, rico en petróleo y que hace frontera con Venezuela, como campo de pruebas para muchas de sus políticas clave de seguridad, especialmente las relativas a las zonas especiales de seguridad, conocidas como Zonas de Rehabilitación y Consolidación, establecidas por el gobierno en 2002.

Aunque la Zona de Rehabilitación y Consolidación del departamento de Arauca ya no está legalmente en funcionamiento, las fuerzas de seguridad han seguido atacando a la población civil, especialmente a los defensores de los derechos humanos, a los activistas sociales y a los dirigentes campesinos, sectores a los que el ejército acusa con frecuencia de actividades relacionadas con la guerrilla. Mientras tanto, durante los últimos años los grupos paramilitares han reforzado su control sobre Arauca en un intento de defender los intereses de poderosos agentes económicos nacionales e internacionales y de actuar junto con las fuerzas de seguridad para conseguir este objetivo. La oposición armada ha respondido a las medidas de seguridad recientemente introducidas por el gobierno y a la presencia reforzada de los paramilitares intensificando sus intimidaciones y amenazas contra sectores de la población civil, especialmente contra las autoridades y funcionarios locales.

Las medidas de seguridad adoptadas por el gobierno no han servido para restaurar el orden en Arauca, sino sólo para arrastrar aún más a los civiles al conflicto y para garantizar la impunidad de quienes violan los derechos humanos e infringen el derecho internacional humanitario. La Zona de Rehabilitación y Consolidación de Arauca no redujo la violencia y la inseguridad en los municipios que abarcaba: Arauca, Saravena y Arauquita. De hecho, en algunos municipios las violaciones del derecho a la vida aumentaron, al igual que las actividades de la guerrilla contra las fuerzas de seguridad, lo que dio lugar invariablemente a un aumento de las bajas civiles. Durante el tiempo en que la Zona de Rehabilitación y Consolidación estuvo en funcionamiento también hubo un fuerte incremento del número de detenciones arbitrarias y en masa, que afectó principalmente a los defensores de los derechos humanos, los dirigentes campesinos y los sindicalistas, muchos de los cuales habían sacado anteriormente a la luz violaciones de derechos humanos presuntamente cometidas por las fuerzas de seguridad. Los ataques contra estos grupos, a través de las detenciones arbitrarias y en masa, continúan imparables a pesar de que la Zona de Rehabilitación y Consolidación ya no está en funcionamiento.

Existe información fidedigna que indica que las fuerzas armadas del departamento están directamente implicadas en homicidios, torturas y "desapariciones". El ejército sigue además siendo instigado y secundado por los grupos paramilitares, que han reforzado su presencia en Arauca durante los últimos años. Uno de sus principales objetivos ha sido "limpiar" el departamento de toda presunta amenaza contra el oleoducto y otros intereses económicos tanto generales como relacionados con el petróleo. Esto ha dado lugar a una campaña sistemática de amenazas y homicidios contra defensores de los derechos humanos, activistas en favor de la paz, periodistas y sindicalistas, así como contra civiles a quienes los paramilitares acusan de ser miembros o simpatizantes de la guerrilla. Los paramilitares también han tratado de mantener a la población civil bajo control creando un clima de temor mediante matanzas, "desapariciones" y tortura.

La comunidad internacional, especialmente los Estados Unidos de América –el principal donante de ayuda militar a Colombia–, y las empresas extranjeras que actúan en el departamento tienen el deber de garantizar que sus fondos y sus actividades no contribuyen a que se cometan violaciones de derechos humanos en Arauca. Sin embargo, unidades del ejército implicadas en violaciones de derechos humanos siguen recibiendo ayuda económica y logística de gobiernos de segundos países y de empresas extranjeras.

Este texto resume el documento titulado Colombia – Un laboratorio de guerra: Represión y violencia en Arauca (Índice AI: AMR 23/004/2004), publicado por Amnistía Internacional el 20 de abril de 2004. Si desean más información o emprender acciones sobre este asunto, consulten el documento principal. Pueden encontrar una amplia selección de materiales sobre éste y otros temas en http://www.amnesty.org, y nuestros comunicados de prensa se pueden recibir por correo electrónico: http://web.amnesty.org/ai.nsf/news. Para los documentos traducidos al español consulten: http://web.amnesty.org/library/eslindex.


SECRETARIADO INTERNACIONAL, 1 EASTON STREET, LONDRES WC1X 0DW, REINO UNIDO
TRADUCCIÓN DE EDITORIAL AMNISTÍA INTERNACIONAL (EDAI), ESPAÑA









[No publicar antes de: 20 abril de 2004]

Público

Amnistía Internacional

Colombia
Un laboratorio de guerra: Represión y violencia en Arauca




























© Reuters







ÍNDICE


1. INTRODUCCIÓN 1

2. LA POLÍTICA INTERNACIONAL DEL PETRÓLEO 6


Ayuda militar: proteger los intereses estadounidenses en la región 8
La lucha por el dominio: guerrillas y paramilitares 10


3. LA RESPUESTA OFICIAL: ESTADO DE EMERGENCIA 11


La zona de rehabilitación y consolidación de Arauca 11
Un soldado en cada esquina: la militarización de Arauca 12
El coste en derechos humanos: la intensificación del conflicto armado 12


4. ARRASTRAR A LOS CIVILES AL CONFLICTO 14


El ejército de soldados campesinos 14
La red de un millón de informantes civiles 16
Soldado por un día 18


5. ESTRATEGIA PARA ESTIGMATIZAR A LA SOCIEDAD CIVIL 19


Defensores de los derechos humanos, activistas sociales y dirigentes campesinos 19
Fortalecimiento de la autonomía del ejército en Arauca 23
Estrategia nacional para consolidar la impunidad 25


6. LA CONSTANTE CONNIVENCIA CON EL PARAMILITARISMO 27


La consolidación del paramilitarismo en Arauca 28
Ataques a la población civil 32
Continúan los homicidios pese al alto el fuego 32


7. LA GUERRILLA: VIOLACIONES DEL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO 33


Autoridades locales en el punto de mira 33
Bombas y morteros: las víctimas civiles 35
Extorsión y secuestro como fuente de ingresos 35


8. PERSEGUIDOS POR LOS DOS BANDOS DEL CONFLICTO 36


Periodistas: un golpe a la libertad de expresión 36
Maestros: minando el derecho a enseñar 37
Mujeres: atacadas como táctica de terror 37


9. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES 39





Colombia
Un laboratorio de guerra:
Represión y violencia en Arauca


1. INTRODUCCIÓN

En noviembre de 2002, los vecinos de Saravena, en el departamento de Arauca, se disponían a celebrar su fiesta tradicional. Para que pudieran disfrutar de su festividad, el ejército accedió a levantar algunas de las restricciones de circulación impuestas a los habitantes de Saravena y otros municipios de Arauca por el gobierno del Presidente Uribe en septiembre de 2002. Sin embargo, la tarde del 12 de noviembre, unos 700 soldados rodearon la localidad para que el ejército, la policía y miembros de la Fiscalía General(1) y la Procuraduría General(2) registraran casas, lugares de trabajo y comercios. Al concluir la noche se había detenido a punta de arma a más de 2.000 personas y se las había conducido al estadio de Saravena, donde las fotografiaron, las grabaron en vídeo, las interrogaron, comprobaron sus antecedentes y les marcaron los brazos con tinta indeleble.

Esta detención en masa de civiles, conocida como Operación Heroica y teóricamente destinada a detener a presuntos miembros de la guerrilla, ha sido la operación más grande de este tipo llevada a cabo por las fuerzas de seguridad colombianas en los últimos años. Entre los 2.000 aprehendidos aquella noche se encontraban la mayoría de los miembros de la comunidad de derechos humanos de Saravena, así como conocidos sindicalistas y otros dirigentes sociales. Sin embargo, sólo 85 fueron detenidos oficialmente. De ellos, 35 fueron puestos en libertad más tarde por falta de pruebas. De los 50 restantes, unos 40 eran sindicalistas. En el momento de redactar este informe, se creía que apenas 30 de los 2.000 aprehendidos aquella noche seguían sometidos a investigación.

La realidad de la guerra en Colombia es terriblemente cruda, pero el departamento de Arauca se ha visto especialmente afectado por el conflicto armado, que ha asolado el país durante cuatro décadas. Además, en lo que se ha convertido en una trágica norma en los conflictos modernos de todo el mundo, es la población civil la que soporta invariablemente la carga de la represión y la violencia que le infligen las partes del conflicto: las fuerzas de seguridad y sus aliados paramilitares, por un lado, y los grupos armados de oposición, por el otro. Así sucede en el departamento nororiental de Arauca, rico en petróleo, donde los intereses económicos, especialmente los asociados al control de los importantes recursos petrolíferos del departamento, y los intentos de la guerrilla de sabotear estos recursos y obtener fondos mediante extorsiones a la industria petrolera han avivado el conflicto durante más de 20 años. La cifra de civiles muertos en el departamento es escalofriante. Aunque las cifras varían según las fuentes consultadas, se calcula que, únicamente en el municipio de Tame, que cuenta con una población de tan sólo unos 55.000 habitantes,(3) al menos 175 personas fueron asesinadas en 2003, frente a las 144 de 2002 y las 86 de 2001.

En lugar de proteger a los civiles frente a las hostilidades, las medidas recientemente adoptadas por el gobierno como parte de su estrategia de "seguridad democrática" han agravado la crisis de derechos humanos de Arauca.(4) La creación de una red de informantes civiles, algunos de ellos pagados, y de un ejército de "soldados campesinos" obligados a colaborar con las fuerzas de seguridad ha puesto a los civiles en peligro de ser atacados por la guerrilla, mientras que la aprobación por el Congreso de una ley que otorga poderes de policía judicial a las fuerzas armadas probablemente facilitará la práctica ya existente de iniciar investigaciones judiciales, muchas veces infundadas, contra defensores de los derechos humanos y otros civiles. Estas tácticas tienen como finalidad empañar la imagen de los defensores y los activistas sociales al acusarlos de actividad guerrillera, y los expone a un mayor peligro de ser víctimas de ataques violentos de los paramilitares, independientemente de que las investigaciones descubran o no indicios de actividades delictivas. Si el ejército actúa de "policía" con sus propios miembros, lo más probable es que muy pocos de ellos sean investigados por violaciones de derechos humanos, si es que se investiga a alguno.

El uso de la legislación de emergencia por parte del gobierno también ha sido motivo de preocupación. Colombia ha pasado la mayor parte de los últimos 50 años bajo diversos estados de emergencia, en los que se han dejado de lado las garantías constitucionales, los gobiernos han gobernado por decreto y al ejército se le han concedido amplios poderes para encargarse de cuestiones de orden público. Esto ha dado lugar a violaciones flagrantes y generalizadas de derechos humanos. El Presidente Uribe declaró el Estado de Conmoción Interior el 11 de agosto de 2002, tan sólo tres días después de ocupar su cargo, y el 9 de septiembre de 2002 emitió el decreto 2002, que le permitiría establecer el 21 de septiembre dos zonas de seguridad, las llamadas Zonas de Rehabilitación y Consolidación, una de las cuales abarcaba tres municipios de Arauca: Arauca, Saravena y Arauquita. El 29 de abril de 2003, la Corte Constitucional se pronunció contra la renovación del estado de emergencia y todos los decretos relacionados con él, incluido el decreto 2002. Sin embargo, en la práctica, el ejército sigue utilizando muchas de las medidas anuladas por la Corte. Aunque las Zonas de Rehabilitación y Consolidación se establecieron para reducir la violencia, al final se caracterizaron por un aumento de la inseguridad y de las violaciones de derechos humanos e infracciones del derecho internacional humanitario.(5)

Durante el gobierno del Presidente Uribe, los activistas sociales y de derechos humanos siguen siendo víctimas de homicidio, "desaparición", detenciones arbitrarias, amenazas y acoso. Además, pese a haber expresado interés en mantener un diálogo con las ONG, en la práctica el gobierno, las fuerzas de seguridad y otras autoridades han tratado a menudo y de forma cada vez más frecuente a los defensores de los derechos humanos y a los activistas sociales como subversivos, calificándolos así en declaraciones públicas y haciéndolos blanco de ataques durante operaciones de inteligencia y de contrainsurgencia. Esta forma de actuar ha expuesto a muchos de ellos, también en Arauca, a amenazas y ataques de paramilitares respaldados por el ejército. El 8 de septiembre de 2003, el Presidente Álvaro Uribe atacó a las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos describiendo a algunas de ellas (sin especificar cuáles) como "politiqueros que finalmente le sirven al terrorismo y que se escudan cobardemente en la bandera de los derechos humanos".(6)

El departamento nororiental de Arauca está situado cerca de la cordillera oriental de los Andes. Tiene unos 265.000 habitantes(7) y abarca 23.000 kilómetros cuadrados. Se compone de siete municipios: Arauca, Arauquita, y Saravena, en el norte del departamento, y Cravo Norte, Fortul, Puerto Rondón y Tame, en el sur. Este departamento, que hace frontera con Venezuela, consta de tres subregiones geográficas: la cordillera de los Andes, el piedemonte y la sabana. Sus recursos petrolíferos están situados sobre todo en el límite entre el piedemonte y la sabana.

Arauca cuenta con una reducida población indígena que se compone, entre otros, de U’was y guahibos. La región fue colonizada por primera vez por inmigrantes en la década de 1950, cuando llegaron hasta allí familias que buscaban refugio frente a "La Violencia" de otras zonas de Colombia.(8) La segunda oleada colonizadora significativa se produjo tras el descubrimiento de petróleo a principios de la década de 1980, cuando más familias se trasladaron al departamento en busca de trabajo y de mejores condiciones de vida.

Aunque la mayoría de los cultivos de coca se concentran en el sur del país, Arauca ha presenciado recientemente un aumento de las plantaciones ilegales. Según la Defensoría del Pueblo, y citando fuentes militares, el cultivo de coca aumentó de 978 a 12.000 hectáreas en el periodo 2000-2001, aunque, según la policía, el aumento ha sido mucho más modesto, de las 978 hectáreas del año 2000 a 2.749 en el 2001.(9)

Décadas de homicidios: los grupos armados de oposición y los paramilitares


Los grupos de guerrilla surgieron en la década de 1950, durante "La Violencia". En ese periodo, grupos armados vinculados a los partidos Liberal y Comunista se vieron obligados a replegarse a zonas remotas e inaccesibles del país. Esos grupos armados formaron el núcleo del principal movimiento de oposición armada durante los últimos 50 años, que en 1966 se consolidó como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), surgidas de grupos campesinos creados para defender las comunidades favorables al Partido Liberal. Las FARC son el grupo de guerrilla más grande del país, con unos 20.000 combatientes. El otro grupo importante que todavía existe es el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con unos 4.000 combatientes.

Gracias al frágil control estatal, las guerrillas establecieron amplios bastiones en muchas zonas del país, en las que, en la práctica, determinaban la política de gobierno local y ejercían un notable control sobre la población. Estas organizaciones guerrilleras atacaban con frecuencia las fincas rurales de los terratenientes adinerados: la extorsión y los secuestros se convirtieron en prácticas habituales en las zonas rurales. Desde la década de 1990, las FARC han tratado de aumentar significativamente los ataques en zonas urbanas, cuya población civil ha sufrido cada vez más el peso de esos ataques.

Los paramilitares respaldados por el ejército –que cuentan con entre 10.000 y 20.000 miembros, dependiendo de la fuente citada– tienen su origen en los grupos civiles de "autodefensa" legalmente constituidos que el ejército creó para que le sirvieran de auxiliares durante las operaciones de contrainsurgencia. Aunque su base legal se eliminó en 1989, apenas se han hecho esfuerzos por disolverlos. Amnistía Internacional ha documentado ampliamente su colaboración con las fuerzas de seguridad. También las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos (OEA) han documentado en sus informes fuertes vínculos entre los paramilitares y las fuerzas de seguridad, y las investigaciones judiciales y disciplinarias siguen implicando a oficiales de alta graduación en violaciones de derechos humanos cometidas por unidades paramilitares. Durante las últimas décadas se ha hecho a los paramilitares responsables de la mayoría de los homicidios y "desapariciones" de civiles perpetrados.

Las fuerzas armadas, a medida que se han ido enfrentando a una creciente condena internacional por las violaciones de derechos humanos cometidas, han ido recurriendo cada vez con más frecuencia al uso de auxiliares paramilitares para poner en marcha las tácticas de "guerra sucia" empleadas por el ejército en su estrategia de contrainsurgencia. En los últimos años, la atención nacional e internacional se ha centrado cada vez más en la necesidad de desmantelar los mecanismos de impunidad que han garantizado que, salvo en casos excepcionales, los miembros de las fuerzas armadas puedan eludir las investigaciones o los castigos pertinentes. Para evitar estas presiones, los responsables de diseñar y poner en práctica la "guerra sucia" han delegado muchas tareas en las fuerzas paramilitares, y ello les ha permitido continuar con su estrategia sin temor a ser procesados.

Las políticas del actual gobierno están dando marcha atrás a los limitados intentos de los gobiernos anteriores de desmantelar los mecanismos de impunidad, garantizando que los miembros de las fuerzas de seguridad y sus aliados paramilitares pueden seguir perpetrando violaciones de derechos humanos sin apenas posibilidad de ser procesados. La introducción de estas políticas coincidió con la declaración de una "tregua", el 1 de diciembre de 2002, por parte de la principal agrupación paramilitar del país, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

A causa de su importancia estratégica en materia económica, militar y geográfica (principalmente debido a su riqueza petrolífera y al hecho de que hace frontera con Venezuela), todos los agentes armados han considerado que el control sobre Arauca es esencial y, a consecuencia de ello, la zona se ha visto fuertemente militarizada. En particular, durante los últimos 18 meses el gobierno ha utilizado el departamento como campo de pruebas para muchas de sus políticas clave de seguridad, especialmente en lo que se refiere a las Zonas de Rehabilitación y Consolidación. El hecho de que estas zonas ya no estén legalmente en funcionamiento apenas ha aliviado los ataques constantes e indiscriminados de las fuerzas de seguridad contra la población civil, especialmente contra los defensores de los derechos humanos y los activistas sociales. Mientras tanto, en los últimos años, los grupos paramilitares han reforzado su control sobre el departamento de Arauca en un aparente intento de defender los intereses de poderosos agentes económicos nacionales e internacionales; para ello, han actuado en colaboración con las fuerzas de seguridad colombianas. Los grupos de guerrilla, especialmente las FARC, han respondido a las medidas de seguridad del gobierno y a la presencia cada vez mayor de los grupos paramilitares en Arauca aumentando su actividad para intimidar y atacar a sectores de la población civil, especialmente a los funcionarios del Estado locales.

No puede pasarse por alto la dimensión internacional del conflicto de Arauca. A causa de los intereses de empresas petroleras estadounidenses y, en menor medida, de otras empresas petroleras extranjeras en el departamento, el gobierno de Estados Unidos ha prestado especial atención a la región y ha destinado a ella importantes recursos militares, incluidos "asesores militares". El gobierno de Estados Unidos ayuda a financiar la brigada del ejército de Colombia que actúa en el departamento de Arauca, la XVIII Brigada. Según los informes, la empresa petrolera estadounidense Occidental Petroleum también ha ayudado a financiar la brigada, aunque no ha confirmado si sigue haciéndolo(10). Esta brigada ha sido acusada de cometer violaciones de derechos humanos y de colaborar con las fuerzas paramilitares, y eso ha arrastrado invariablemente al gobierno estadounidense a una serie de controversias en materia de derechos humanos, como los homicidios de Santo Domingo de 1998, en la que 17 civiles, entre ellos 6 niños, murieron cuando un helicóptero financiado por Estados Unidos y pilotado por la fuerza aérea colombiana bombardeó el pueblo de Santo Domingo utilizando munición estadounidense.

Los homicidios de Santo Domingo


Existen datos creíbles que indican que, en 1998, miembros de la Fuerza Aérea Colombiana que pilotaban un helicóptero de combate financiado por Estados Unidos cometieron una grave violación del derecho internacional humanitario en el pueblo de Santo Domingo, municipio de Tame, al arrojar una bomba de racimo que mató a varios civiles. El helicóptero estaba asignado al Comando Aéreo de Combate núm. 1, que durante casi una década había recibido ayuda estadounidense en materia de seguridad. Según los informes, el ejército reaccionó a los indicios de abuso engañando a los investigadores civiles. El comandante de la Fuerza Aérea, el general Héctor Velasco, criticó a los grupos de derechos humanos que pedían justicia en el caso de Santo Domingo, equiparándolos públicamente con guerrilleros y narcotraficantes.

El suceso tuvo lugar el 13 de diciembre de 1998, después de más de un día de combates en torno al pueblo entre el ejército y el Frente 10 de las FARC. Hacia las diez menos cuarto de la mañana, una explosión en Santo Domingo mató a seis niños. También mató a 11 adultos. Veintiocho testigos presenciales afirmaron que la explosión había sido causada por un cohete disparado por un helicóptero militar colombiano. Los testigos también declararon que el ejército había arrojado al menos otros dos explosivos contra Santo Domingo.

Aunque la fuerza aérea archivó su investigación preliminar, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación reunió pruebas periciales que fueron examinadas por expertos colombianos y por la Oficina Federal de Investigación (FBI) estadounidense. Todos ellos estuvieron de acuerdo en que entre las muestras había restos de un cohete de fabricación estadounidense. A consecuencia de ello, la Unidad recomendó que la Fuerza Aérea Colombiana reabriera su investigación. Sin embargo, la fuerza aérea declaró nulo ese resultado. El caso fue transferido finalmente al sistema de justicia civil a principios de 2003, después de que, en octubre de 2002, la Corte Constitucional resolvió que los homicidios constituían una violación de derechos humanos y una infracción del derecho internacional humanitario. En enero de 2003, Estados Unidos retiró la certificación(11) a la base aérea de Palanquero, donde está estacionado el Comando Aéreo de Combate núm. 1, por la falta de "transparencia" en la investigación sobre los homicidios. El 25 de agosto el general Velasco dimitió como jefe de la Fuerza Aérea. Los tribunales no han condenado todavía a nadie por los homicidios.

Según los documentos presentados en la causa de Luis Alberto Galvis Mujica contra Occidental Petroleum y Airscan en virtud de la Ley sobre Delitos Cometidos contra Extranjeros,(12)(Alien Tort Claims Act), la Fuerza Aérea recibió las coordinadas para el bombardeo de Airscan Inc, empresa estadounidense que, hasta hace poco tiempo, estuvo trabajando como contratista en materia de seguridad para Occidental Petroleum.(13) Según las pruebas presentadas por el demandante, el bombardeo fue planeado por la Fuerza Aérea y Occidental Petroleum en el complejo de la empresa en Caño Limón, y Occidental Petroleum y Airscan brindaron apoyo y asesoramiento para el ataque.

Según la demanda, Airscan proporcionó servicios de vigilancia aérea para esta misión durante el bombardeo, y ayudó a que la Fuerza Aérea Colombiana identificara el blanco del bombardeo y a que las tropas del ejército desembarcaran durante la misión. Al parecer, la empresa lo hizo mediante tres empleados que, en el momento del ataque, volaban en un avión Skymaster suministrado por Occidental Petroleum. A los tres pilotos de Airscan los acompañaba, al parecer, un militar colombiano que, en aquel entonces, actuaba como oficial de enlace de la Fuerza Aérea Colombiana con Occidental Petroleum. El 25 de enero de 2002, Angel Trífilo Chaparro, testigo de los homicidios, fue asesinado en Tame, según los informes por paramilitares.

La información incluida en este informe fue reunida por los delegados de Amnistía Internacional que visitaron Arauca en septiembre de 2002 y marzo de 2003. Durante su visita, los delegados se entrevistaron con sectores representativos de la comunidad civil, política y militar de Arauca, así como con representantes de la Iglesia Católica. Los nombres de algunos testigos se han ocultado, para su protección. Amnistía Internacional pidió a Occidental Petroleum que respondiera a algunas de las denuncias indicadas en este informe, pero la empresa no respondió a las preguntas concretas que se le plantearon.

2. LA POLÍTICA INTERNACIONAL DEL PETRÓLEO

La empresa petrolera estadounidense Occidental Petroleum descubrió el yacimiento petrolífero de Caño Limón en 1983, y empezó a extraer petróleo en 1985.(14) El petróleo se transporta hasta la costa del Caribe por el oleoducto Caño Limón-Coveñas, de 773 kilómetros de longitud, que ha sido atacado con explosivos en repetidas ocasiones por los grupos de guerrilla en Arauca (donde cruza los municipios septentrionales de Arauca, Arauquita y Saravena).(15) Las repercusiones de este yacimiento en Colombia han sido fundamentales: ha transformado el país, convirtiéndolo de importador a exportador neto de petróleo crudo. De él se han extraído 910 millones de barriles, de la reserva de 1.300 millones de barriles que se le calcula. Está empezando a agotarse pero, según Occidental Petroleum, aún sigue aportando casi el 30 por ciento de la producción total de petróleo de Colombia. A menos que se descubran o se exploten nuevas reservas, Colombia volverá a convertirse en importador neto de petróleo a lo largo de este año.(16)

Occidental Petroleum actúa mediante un "contrato de asociación" con la empresa petrolera estatal Ecopetrol, que posee el 50 por ciento del oleoducto. El otro 50 por ciento es propiedad de Occidental Petroleum y de la empresa española Repsol-YPF, que tiene una pequeña participación en el negocio. Repsol- YPF también tiene importantes intereses en el departamento, como el yacimiento petrolífero de Capachos I, en el municipio de Tame.
Occidental Petroleum es el segundo productor de petróleo de Colombia. También es importante destacar que, con la inseguridad de los mercados de petróleo de Oriente Medio y Próximo y las amenazas previstas a la exportación de petróleo de Venezuela a Estados Unidos, el gobierno estadounidense está ansioso por estabilizar el sector petrolero colombiano. Los cambios de los contratos de asociación, que aumentan el margen de beneficios de las empresas que participen, también han despertado el interés por la explotación de los recursos petrolíferos de Colombia.

Por lo tanto, el control de los recursos petroleros de Arauca no sólo es fundamental para la economía colombiana, sino que también es importante para los intereses estadounidenses. Por ello, el gobierno de Estados Unidos ha dedicado recursos considerables a proteger el oleoducto. Desde 2002 ha entregado a Colombia más de 1.900 millones de dólares en concepto de ayuda, incluidos fondos para actividades de contrainsurgencia y antinarcóticos, lo que ha convertido a Colombia en el tercer receptor de ayuda militar estadounidense del mundo, detrás de Israel y Egipto. En la cifra total se incluyen 99 millones de dólares aprobados en 2003 para financiar la protección del oleoducto, principalmente mediante la compra de helicópteros, servicios de formación e inteligencia y material para la XVIII Brigada, así como la creación de una nueva Brigada Móvil núm. 5 (inicialmente asignada a la protección del oleoducto) y unidades adicionales fluviales y de policía, todas ellas equipadas con material pagado con fondos estadounidenses.(17) En enero de 2003, 60 miembros de las Fuerzas Especiales estadounidenses llegaron a Arauca, uniéndose a los 10 que ya estaban allí, para formar a unidades de la XVIII Brigada. Occidental Petroleum también ha proporcionado a la Brigada, según los informes, recursos económicos y apoyo logístico, incluidos helicópteros de transporte, para ayudar a proteger el oleoducto.(18)

La industria petrolera ha proporcionado a las fuerzas de seguridad más de una década de ingresos sustanciales. El "impuesto de guerra" establecido por el gobierno colombiano en 1992 obligaba a las empresas petroleras a pagar aproximadamente un dólar por barril.(19) Según un artículo publicado en 2002 en Los Angeles Times, Occidental Petroleum pagaba 750.000 dólares a las fuerzas de seguridad colombianas en concepto de apoyo logístico.(20) El 12 de septiembre de 1996, la Asociación Cravo Norte –que actúa en el yacimiento de Caño Limón y es propiedad de Ecopetrol y Occidental Petroleum– había firmado un "acuerdo de colaboración" mediante el cual se comprometía a proporcionar ayuda económica a las unidades de la XVIII Brigada que actuaran en las cercanías del yacimiento.(21) El acuerdo de colaboración incluía unos dos millones de dólares en forma de un desembolso anual a las fuerzas de seguridad colombianas.(22)
Muchas de las violaciones de derechos humanos e infracciones del derecho internacional humanitario perpetradas por los dos bandos del conflicto tienen lugar en comunidades y zonas cercanas al oleoducto de Caño Limón:

· el 22 de diciembre de 2002, las FARC, según parece, volaron un autobús que llevaba a trabajadores de Occidental en la carretera que va de Arauca a Caño Limón. Dos trabajadores murieron y 12 resultaron heridos;

· el 16 de diciembre de 2002, dos hombres armados y encapuchados, con chaquetas negras y pantalones de camuflaje, dieron el alto a un campesino que viajaba en su camión, junto con su mujer y sus hijos, en Playas de Bojaba, hacia la carretera de Saravena, según los informes. Obligaron a todos los miembros de la familia a apearse del vehículo, los registraron y dieron patadas al esposo. Luego los obligaron a todos a tumbarse en el suelo. Se llevaron a la esposa a los matorrales y, al parecer, la violaron tras amenazarla con matar a sus hijos. Luego se marcharon, llevándose muchas de las pertenencias de las víctimas. Esa zona está fuertemente militarizada, ya que queda cerca del oleoducto;

· el 10 de agosto de 2002, la Cooperativa de Coagrosarare, en la vereda de Alto Satoka, Saravena, fue saqueada, al parecer por soldados del batallón núm. 27 del ejército, cuya responsabilidad es proteger el oleoducto de Caño Limón. Los soldados se marcharon, no sin antes pintar, según parece, lemas paramilitares en las paredes.

Las comunidades que viven a lo largo del oleoducto están bajo la estrecha vigilancia de las fuerzas de seguridad, que muchas veces las intimidan advirtiéndoles de que los paramilitares vienen detrás o utilizando representantes paramilitares para amenazarlas y acosarlas. Las guerrillas también han amenazado a quienes denuncian los ataques de grupos de oposición armados contra el oleoducto.
Amnistía Internacional no pone en duda el deber de las empresas de garantizar la seguridad de su personal. Sin embargo, la organización cree que las empresas que actúan en zonas de conflicto deben asegurarse de que sus operaciones no contribuyen, deliberada o involuntariamente, a violaciones de derechos humanos.

Tal como muestra este informe, Amnistía Internacional ha documentado una serie de casos de soldados de la XVIII Brigada de Arauca –que recibe financiación de Estados Unidos y, según los informes, de Occidental Petroleum para proteger el oleoducto– que han estado implicados en violaciones graves de derechos humanos, ya sea directamente o en connivencia con las fuerzas paramilitares.

Ayuda militar: proteger los intereses estadounidenses en la región

En 1994 se suspendió la ayuda militar directa de Estados Unidos al ejército de Colombia a causa de la terrible situación de los derechos humanos en el país y de la connivencia de las autoridades con los grupos paramilitares ilegales responsables de atrocidades generalizadas contra los derechos humanos. Sin embargo, en el año 2000, a pesar de los abrumadores indicios de que continuaban los vínculos del ejército con los paramilitares, el gobierno estadounidense aprobó un programa masivo de ayuda militar a Colombia, destinada en su mayoría al ejército. Los controles y salvaguardias establecidos respecto a esta ayuda no son suficientes para garantizar que no se utilizará –ya sea directamente o indirectamente, a través de los grupos paramilitares– para cometer violaciones graves de derechos humanos.

El 13 de julio de 2000, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, firmó la ley pública 106-246, que incluía una partida de 1.300 millones de dólares estadounidenses de ayuda, principalmente militar, para Colombia. Al aprobar esta ayuda, el Congreso estadounidense votó a favor de imponer estrictas condiciones en materia de derechos humanos (lo que se conoce como la "certificación"), que posteriormente el presidente Clinton decidió no aplicar por motivos de seguridad nacional estadounidense. La ayuda de Estados Unidos se canaliza a través de un controvertido paquete conocido como Plan Colombia, descrito por el gobierno estadounidense como un plan de ayuda destinado a combatir el narcotráfico y a contribuir a alcanzar la paz. El Plan propone una estrategia principalmente militar para hacer frente al cultivo y el tráfico ilegal de drogas mediante una ayuda militar sustancial a las fuerzas armadas y la policía colombianas, y mediante la creación de tres batallones antinarcóticos en el ejército.

Varias empresas petroleras desempeñaron un importante papel en la captación de apoyos ante el Congreso estadounidense para que se aprobara la ayuda militar a Colombia a pesar del pésimo historial de derechos humanos del ejército colombiano. En 1996, BP Amoco y Occidental Petroleum, entre otras, crearon la Colombia Business Partnership para captar apoyos en favor de dicha ayuda militar. El 15 de febrero de 2000, Lawrence Meriage, vicepresidente para servicios ejecutivos y asuntos públicos de Occidental Oil and Gas Corporation, se dirigió al Subcomité de Justicia Penal, Política de Drogas y Recursos Humanos del Congreso estadounidense diciendo: "la batalla contra el narcotráfico no puede ganarse sin una fuerza militar más potente, mejor equipada y altamente disciplinada", e instó a los congresistas "a asegurarse de que el paquete de ayuda que de aquí surja garantiza un cuidadoso equilibrio entre el apoyo a la Policía Nacional de Colombia y al ejército". También instó al Congreso "a considerar el apoyo a las operaciones contra el narcotráfico tanto en las regiones del norte como en el sur. Esto ayudará a aumentar la seguridad para los proyectos de desarrollo petrolífero".(23)

En julio de 2002, el Congreso estadounidense aprobó un proyecto de ley de emergencia sobre gasto suplementario que eliminó una disposición anterior que limitaba la ayuda estadounidense a esfuerzos contra el narcotráfico. Según la nueva normativa, la ayuda estadounidense en materia de seguridad puede utilizarse contra "organizaciones designadas como organizaciones terroristas [...]". La nueva estrategia de Estados Unidos permite por primera vez la ayuda estadounidense a Colombia para actividades de contrainsurgencia, incluida la acción directa contra grupos armados. Estados Unidos proporciona ahora ayuda militar para uso directo en operaciones de contrainsurgencia específicamente para proteger instalaciones petroleras explotadas por empresas estadounidenses, como Caño Limón. En agosto de 2002, el gobierno estadounidense decidió una vez más no aplicar los requisitos sobre derechos humanos necesarios para obtener la certificación.

En febrero de 2003, el Congreso aprobó otros 439 millones de dólares para Colombia de la Iniciativa Andina Antinarcóticos: 284 millones para ayuda policial y militar y el resto para ayuda económica y social. En abril, el Congreso aprobó también otros 105 millones de ayuda de emergencia, la mayoría consistente en transferencias adicionales de material militar. El presidente Bush ha pedido otros 574 millones de dólares para Colombia para el año fiscal 2004, que comenzó el 1 de octubre de 2003.

A pesar de que ni el gobierno ni el ejército colombianos han cumplido las condiciones en materia de derechos humanos establecidas por el Congreso, tanto el gobierno de Clinton como el de Bush han aprobado repetidamente la ayuda militar a Colombia. Pese a los serios recelos de algunos miembros del Senado, que hicieron que la ayuda estadounidense se retuviera temporalmente, la ayuda económica del año fiscal 2003 se aprobó finalmente y se hizo llegar a Colombia. Según los nuevos criterios negociados en el presupuesto de 2003, el proceso de certificación ahora se aplica sólo al 25 por ciento de la ayuda estadounidense para seguridad, mientras que anteriormente se aplicaba al 100 por ciento. Se cree que en 2004 la certificación se aplicará al 50 por ciento de la ayuda.

La lucha por el dominio: guerrillas y paramilitares

La violencia política en Arauca aumentó significativamente tras el descubrimiento de petróleo en la región a mediados de la década de 1980. Aunque tanto las FARC como el ELN estaban presentes en el departamento desde principios de esa misma década, sus esfuerzos por controlar Arauca no cobraron intensidad hasta después de que se descubriera petróleo en la zona. Se cree que las FARC cuentan con unos 1.000 guerrilleros en Arauca, agrupados en torno a los frentes 10 (Guadalupe Salcedo) y 45 (Atanasio Girardot) y a las columnas Alfonso Castellanos y Usías Cuéllar. Respecto al ELN, se cree que cuenta con 500 combatientes organizados en torno al frente Domingo Laín y a las compañías Capitán Pomares y Simacota.

Los paramilitares respaldados por el ejército se afianzaron militarmente en el departamento de Arauca en 2001, tras una serie de operaciones en gran escala llevadas a cabo por el ejército colombiano –la más destacada, la Operación Arawac– contra las fuerzas de guerrilla en la región.(24) La mayoría llegaron desde el departamento de Casanare, al sur de Arauca, y han ido avanzando hacia el norte del departamento, a través de Cravo Norte, Tame y Puerto Rondón. Ahora tienen una presencia significativa en el municipio de Arauca, aunque donde siguen siendo más fuertes es en los tres municipios del sur. El aumento de la actividad paramilitar en el departamento coincidió con el final de la exploración y producción petrolífera en Casanare y con el anuncio del hallazgo de nuevos yacimientos en el departamento de Arauca. Los paramilitares ya no sólo dedican sus esfuerzos a proteger los recursos petroleros de Arauca frente a los ataques de la guerrilla, como hicieron en Casanare, sino que intentan además hacerse con el control del negocio de coca de la región, cada vez más importante, y de las rutas de entrada y salida nacionales e internacionales del departamento de Arauca a través del piedemonte y la sabana. Los paramilitares del departamento de Arauca pretenden además impedir que los grupos guerrilleros apliquen "impuestos de protección" a las empresas petroleras que actúan en la zona.

Los paramilitares se esfuerzan también por minar el presunto apoyo de la población civil a las guerrillas mediante tácticas de terror tales como matanzas, homicidios selectivos y amenazas, principalmente contra defensores de los derechos humanos, activistas sociales y sindicales, periodistas, maestros y trabajadores de la salud. Estos sectores son atacados para silenciar las denuncias de las violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas de seguridad y sus aliados paramilitares en la región, para romper cualquier vínculo –presunto o imaginado– entre la población civil y la guerrilla, para silenciar la oposición a la explotación petrolera y a otros intereses económicos, así como a la privatización de los servicios de salud y educación, y para obligar a las comunidades campesinas o indígenas que viven cerca de instalaciones petroleras o zonas que van a ser explotadas a desplazarse. Las principales unidades paramilitares que actúan en la región son los bloques Centauro y Casanare, que forman parte de las AUC.


3. LA RESPUESTA OFICIAL: ESTADO DE EMERGENCIA

El gobierno del Presidente Uribe declaró un Estado de Conmoción Interior el 11 de agosto de 2002, tres días después de ocupar su cargo, y el 9 de septiembre de ese mismo año emitió el decreto 2002, por el que se establecía el mecanismo de Zonas de Rehabilitación y Consolidación, se otorgaban al ejército poderes de policía judicial y se permitía a los militares mantener un registro de la población.(25) Un Estado de Conmoción Interior, menos drástico que el decreto 2002, otorga poderes notables al ejército, como el derecho a limitar la libertad de circulación y residencia, impedir que la radio y la televisión transmitan información "delicada", restringir reuniones y manifestaciones, interceptar comunicaciones sujetas a autorización judicial y realizar detenciones preventivas sin orden judicial.

El 25 de noviembre de 2002, la Corte Constitucional declaró que algunas partes del decreto 2002 eran inconstitucionales, especialmente aquellas que otorgaban al ejército poderes de policía judicial y el derecho a mantener un registro de la población civil. El 29 de abril de 2003, la Corte se pronunció contra la renovación del estado de emergencia y del decreto 2002, y ello llevó al gobierno a introducir un proyecto de ley de reforma constitucional que otorgaría poderes de policía judicial a las fuerzas armadas. Esos poderes permitirían al ejército realizar detenciones, registrar domicilios e interceptar comunicaciones sin autorización judicial. El Congreso aprobó el proyecto de ley el 10 de diciembre de 2003. El proyecto entrará en vigor una vez que el Congreso apruebe una ley de habilitación, lo que probablemente hará a mediados de 2004.(26)

La zona de rehabilitación y consolidación de Arauca

El decreto 2002 también otorgaba al ejército poderes adicionales a los contenidos en el Estado de Conmoción Interior, y restringía ciertos derechos en las Zonas de Rehabilitación y Consolidación, definidas como zonas geográficas "afectada[s] por acciones de grupos criminales en donde, con el fin de garantizar la estabilidad institucional, restablecer el orden constitucional, la integridad del territorio nacional y la protección de la población civil, resulte necesaria la aplicación de una o más de las medidas excepcionales de que tratan los siguientes artículos, sin perjuicio de la aplicación de las demás dictadas con base en la conmoción interior".(27)

El 21 de septiembre de 2002 se establecieron dos Zonas de Rehabilitación y Consolidación: en los departamentos de Sucre y Bolívar y en el departamento de Arauca. Entre las dos abarcaban 29 municipios (16 en Sucre, 10 en Bolívar y 3 en Arauca).(28) Dentro de ellas, un mando militar tenía el control de todas las fuerzas de seguridad, incluida la policía. Además, en las Zonas de Rehabilitación y Consolidación:

· determinadas personas que quisieran abandonar la zona tenían que informar a las autoridades con dos días de antelación. Quien infringiera este requisito podía ser detenido hasta 24 horas;

· los individuos que no llevaran consigo sus documentos de identidad podían ser detenidos hasta 24 horas.

El decreto 2002 también incluía restricciones específicas para los extranjeros que quisieran visitar las Zonas de Rehabilitación y Consolidación. La intención del gobierno con esta medida quedaba clara en el párrafo preambular ocho del decreto, que establecía que "es necesario evitar la presencia de criminales extranjeros que entren, den instrucción o se unan a las acciones de las organizaciones criminales que existen en el país, circunstancia que justifica la comparecencia de los extranjeros ante las autoridades". Los extranjeros que desearan entrar en las Zonas de Rehabilitación y Consolidación debían pedir autorización al gobernador ocho días laborables antes de la visita, y si la zona que deseaban visitar abarcaba más de un departamento necesitaban autorización del Ministerio del Interior. Quienes no cumplieran este requisito podían ser expulsados. Además, los extranjeros debían presentarse ante las autoridades si se les pedía que lo hicieran. Si no lo hacían, también podían ser expulsados. Estas medidas se utilizaron para restringir el acceso a las Zonas de Rehabilitación y Consolidación de los observadores humanitarios y de derechos humanos. Las Zonas de Rehabilitación y Consolidación dieron lugar a un aumento de las violaciones de derechos humanos, y al mismo tiempo facilitaron a las autoridades el silenciar las denuncias de dichas violaciones. Además, en la práctica, muchas de las restricciones impuestas en virtud del Estado de Conmoción Interior y del decreto 2002 siguieron aplicándose a pesar de la resolución de la Corte Constitucional contra esas medidas.

Un soldado en cada esquina: la militarización de Arauca

Arauca es uno de los departamentos más militarizados del país, y se militarizó aún más tras la creación en septiembre de 2002 de la zona de rehabilitación y consolidación en sus tres municipios septentrionales. La brigada del ejército destinada en él es la XVIII Brigada, que hasta finales de 2003 estuvo dirigida por el general Carlos Lemus Pedraza (designado también comandante de la zona de rehabilitación y consolidación) y ahora está al mando del brigadier general Gustavo Matamoros Camacho. La XVIII Brigada tiene su base en la capital, Arauca. Se compone de varios batallones y unidades, entre los que se encuentran el Batallón de Contraguerrillas Núm. 46 "Héroes de Saraguro" en Arauquita,(29) el Batallón de Ingenieros Núm. 18 "Navas Pardo" en Tame, el Batallón de Contraguerrillas Núm. 49 "Héroes de Tarazá" en Fortul, y el Grupo de Caballería Mecanizado Núm. 18 "General Rebeíz Pizarro" en Saravena.

La presencia militar se vio reforzada tras la creación de la zona de rehabilitación y consolidación, con nuevas unidades del ejército, policía adicional, escuadrones antimotines y nuevo material para las unidades fluviales adscritas a la Brigada de Infantería de Marina. La Fuerza de Despliegue Rápido (FUDRA) también ha tenido una presencia permanente desde noviembre de 2002, y además hay varias unidades móviles, como la Brigada Móvil 5.

El coste en derechos humanos: la intensificación del conflicto armado

Aunque la situación en lo que se refiere a la seguridad y los derechos humanos ha sido crítica en todo el departamento de Arauca durante años, el gobierno prefirió limitar la zona de rehabilitación y consolidación a los tres municipios del norte. Precisamente por ellos pasa el oleoducto de Caño Limón. Los cuatro municipios del sur, dominados por los paramilitares, fueron excluidos de las medidas especiales de seguridad. La sección noroccidental del oleoducto atraviesa también la segunda zona de rehabilitación y consolidación, establecida en Sucre y Bolívar. Al preguntársele por qué sólo se habían incluido en las Zonas de Rehabilitación y Consolidación las áreas con una fuerte presencia de la guerrilla, el gobernador de Arauca respondió que "el Gobierno así lo decidió. Ellos hicieron un análisis minucioso de la situación y hablaron con mucha gente, y se llenaron de motivos. Con seguridad, lo que concluyeron es lo mejor".(30)

Los ocho meses durante los cuales estuvo vigente la zona de rehabilitación y consolidación se caracterizaron por un aumento de las violaciones de derechos humanos y las infracciones del derecho internacional humanitario por parte de los bandos en conflicto. Durante ese periodo, el ejército llevó a cabo varias redadas y detenciones masivas, muchas de las cuales afectaron a defensores de los derechos humanos y activistas sociales y sindicales, como la detención de 2.000 personas en Saravena el 12 de noviembre de 2002. También hubo un notable incremento del uso, por parte de grupos de oposición armada, de coches y bicicletas bomba, muchos de los cuales mataron a civiles, incluidos niños. Continuaron imparables los homicidios de defensores de los derechos humanos, sindicalistas, periodistas, políticos y funcionarios públicos, y en algunos municipios incluso aumentaron. Durante este periodo también se realizaron amenazas masivas de muerte de guerrilleros y paramilitares contra numerosos sectores de la sociedad.

En el centro urbano de Saravena, 18 personas murieron en un periodo de tan sólo dos semanas en la segunda mitad de febrero de 2003, a pesar de que esa localidad es una de las más militarizadas de Colombia, con una notable presencia de personal del ejército y la policía. Entre los muertos había dos niños: Josué Quiroga Granados, de 15 años, y Miguel Ángel Mantilla Muñoz, de 17.

Un informe de la Procuraduría General sobre Arauca dice: "Las medidas adoptadas y la ejecución de las mismas no han arrojado los resultados esperados, como se demuestra a lo largo del presente informe relativo específicamente a la zona de rehabilitación en el departamento de Arauca. La amenaza a los mandatarios locales continúa y ahora se extiende a los funcionarios públicos municipales […] y la vigencia de los derechos –especialmente el derecho a la vida– no muestra en dicha zona, ninguna recuperación. Esas y otras razones permiten afirmar, que la experiencia de la zona de rehabilitación y consolidación en Arauca es un experimento fallido en términos cuantitativos y cualitativos, máxime si es puesto en perspectiva de derechos humanos. Ni el aumento del pie de fuerza, ni la estrategia de los informantes, ni la de soldados campesinos, han dado los resultados previstos y en cambio sí han generado otras dificultades [tal como] la exposición de la población civil a un mayor al riesgo del que ha venido padeciendo".(31)

El informe de 2002 del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, publicado el 24 de febrero de 2003, también criticaba la conducta del ejército en las Zonas de Rehabilitación y Consolidación: "En muchos de los operativos, la fuerza pública recurrió a las facultades a ella atribuidas por el decreto [2002] [...] de practicar capturas, allanamientos y registros sin mandamiento judicial, con un alto número de personas retenidas, de las cuales sólo una minoría fue puesta a disposición judicial. En varios casos, la utilización de informantes encapuchados estigmatizó a las personas señaladas".(32)

Aunque las Zonas de Rehabilitación y Consolidación y el estado de emergencia ya no están legalmente vigentes, la conducta del ejército no ha variado: sigue llevando a cabo detenciones arbitrarias y manteniendo registros de la población. Además, los esfuerzos por criminalizar a los defensores de los derechos humanos y a los activistas sociales van en aumento. Amnistía Internacional sigue asimismo documentando casos de tortura, homicidio y "desaparición" perpetrados por el ejército, ya sea directamente o en connivencia con los paramilitares.

4. ARRASTRAR A LOS CIVILES AL CONFLICTO

Un principio fundamental del derecho internacional humanitario es que las partes implicadas en un conflicto, incluidos los conflictos clasificados como no internacionales, como es el caso de Colombia, deben distinguir en todo momento entre civiles y combatientes, y entre objetivos civiles y objetivos militares. No está permitido atacar a civiles, es decir, a personas que no pertenecen a las fuerzas armadas de cualquiera de los bandos. Este principio, conocido como el principio de distinción, está codificado en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y en sus dos Protocolos Adicionales de 1977. El principio de distinción es una norma fundamental del derecho internacional humanitario consuetudinario, vinculante para todas las partes de los conflictos armados, ya sean internacionales o no internacionales.

En lugar de proteger a los civiles frente a las hostilidades, las medidas adoptadas por el gobierno parecen estar destinadas a arrastrarlos aún más al conflicto. Esto se ha visto agravado por la actitud del Presidente Uribe de no respetar el principio de distinción. En una carta a Amnistía Internacional, fechada el 16 de octubre de 2002, el Presidente Uribe escribió: "Nadie puede ser neutral en la lucha del Estado contra cualquier modalidad criminal". Aunque un Estado puede instar a sus ciudadanos a colaborar con sus instituciones judiciales y denunciar violaciones de derechos humanos, en situaciones de conflicto el Estado no debe promover prácticas que expongan a los civiles como blancos directos del conflicto. Algunas de las medidas gubernamentales que se han aplicado en Arauca han arrastrado a los civiles aún más al conflicto.

Las medidas gubernamentales que amenazan con difuminar la distinción entre civiles y combatientes son contrarias al artículo 13.1 del Protocolo II de los Convenios de Ginebra, que se aplica a conflictos armados no internacionales y que establece: "La población civil y las personas civiles gozarán de protección general contra los peligros procedentes de operaciones militares". Colombia se adhirió al Protocolo II de los Convenios de Ginebra el 14 de agosto de 1995.

El ejército de soldados campesinos

Al ocupar su cargo en agosto de 2002, el gobierno anunció que crearía inmediatamente una fuerza de al menos 15.000 "soldados campesinos" (o "soldados de mi pueblo", como también se los conoce), que llegaría a los 100.000 antes de que terminara su mandato en 2006. Según el gobierno, estos soldados serían soldados voluntarios que, a diferencia de los soldados regulares, actuarían en áreas de su comunidad local o cerca de ellas. Se creía que al finalizar 2003 había algo más de 17.000 de estos soldados campesinos. Según el gobierno, los había en todos los municipios de Arauca. Además, la entonces ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez de Rincón, declaró que el número de soldados campesinos en el departamento aumentaría en 2004, a causa de la grave situación de seguridad.(33)

Como soldados, estos soldados campesinos no gozan de la protección otorgada a los civiles por el derecho internacional humanitario. Sin embargo, esta iniciativa suscita preocupación ya que, como la mayoría de ellos actúa en su comunidad, sus familias podrían ser más vulnerables a los ataques de la guerrilla al ser más conocida su relación con los soldados campesinos que actúan en la zona. Por ello, existe el peligro de que los soldados campesinos puedan ser absorbidos en la estrategia paramilitar, como medio para protegerse a ellos mismos y a sus familias de los ataques de la guerrilla. Estas mismas familias pueden asimismo sentirse obligadas a unirse a las redes de informantes civiles para garantizar su propia protección. Toda esta situación ha colocado a las familias de los soldados campesinos en un mayor peligro de ser blanco de los ataques de las guerrillas. De hecho, el 4 de marzo de 2003 el ELN emitió una amenaza de muerte contra los soldados campesinos de Arauca. Al mismo tiempo, existe el peligro de que los paramilitares que actúan en Arauca se hayan podido incorporar a las unidades de soldados campesinos. Entre las primeras unidades de este tipo que se crearon se encontraban las de Tame, Puerto Rondón y Cravo Norte, precisamente los municipios en los que los paramilitares consolidaron su posición tras la Operación Arawac.

Dada la precaria situación económica de numerosas comunidades rurales, muchos individuos pueden sentirse tentados a unirse al "ejército campesino" simplemente como forma de escapar de la más absoluta pobreza. Además, están muy poco claros el grado y la calidad de la formación que recibirán estos soldados, y hay pocos indicios de que se hayan puesto en marcha procedimientos para investigar los antecedentes de los candidatos, así como poca información sobre si estos soldados campesinos estarán sometidos a los controles y procedimientos disciplinarios normales.

Tampoco está claro cuál es el propósito real de este ejército campesino. La iniciativa se creó inicialmente para que las comunidades sin presencia militar estuvieran protegidas por miembros de su propia comunidad, en forma de soldados campesinos. Sin embargo, en marzo de 2003 el comandante de la XVIII Brigada dijo a Amnistía Internacional que se estaba estacionando a soldados campesinos en localidades que ya contaban con una presencia militar regular.(34) También hay indicios de que se ha enviado a soldados campesinos a patrullar en zonas alejadas de sus comunidades.

Hay datos que indican que en Arauca se ha reclutado forzosamente a soldados campesinos. Durante su visita al departamento en marzo de 2003, los delegados de Amnistía Internacional recibieron información que indicaba que 39 soldados campesinos habían sido reclutados en unidades del ejército campesino en el municipio de Saravena, según los informes como parte del servicio militar obligatorio, y no de forma voluntaria. Sus familias recibieron posteriormente amenazas de las FARC.

El peligro consiste en que en Arauca se están militarizando la vida familiar y comunitaria. Al crear los soldados campesinos (así como la red de informantes civiles que se examina a continuación), el gobierno no sólo está incorporando a la estrategia de contrainsurgencia del ejército a estos individuos, sino también a sus familiares y amigos. Todos ellos corren peligro de ser atacados por grupos de guerrilla. Comunidades enteras podrían verse en peligro al ser obligadas a colaborar activamente con el ejército para neutralizar las posibles amenazas de la guerrilla. Tal como dijo un oficial del ejército, si multiplicas el número de soldados campesinos por el número de familiares y amigos de éstos, puedes crear fácilmente una red de informantes que abarque todo el municipio.(35)


La red de un millón de informantes civiles

La red de informantes creada por el ejército exige que los civiles reúnan y transmitan a las fuerzas de seguridad información secreta sobre grupos armados ilegales. En su documento de política sobre los informantes (o "cooperantes", como el gobierno prefiere llamarlos ahora), el gobierno expuso quién formaría parte de esta red. La red estaría compuesta de redes basadas en las Juntas de Acción Comunal y los Frentes Locales de Seguridad, y también formarían parte de ella la Red Empresarial de Seguridad Ciudadana (compuesta por empresas de seguridad privadas), la Red Ciudadana de Informantes en las Carreteras y de Conductores (en la que habría conductores de taxi y autobús), la Red Ciudadana de Policías Cívicos, la Red Ciudadana de Miembros de la Defensa Civil Colombiana y la Red "Servicios Especiales y Comunitarios de Seguridad", que actúa en zonas de alto riesgo. Según el gobierno, a principios de 2004 había más de 1,8 millones de personas en la red, dirigida por el ejército y la policía.

Para promover la red de informantes, el ejército introdujo el "lunes del informante": una ceremonia televisada en la que informantes anónimos encapuchados recibían recompensas en metálico de un mando militar. Las autoridades abandonaron este espectáculo tras convertirse en blanco de críticas generalizadas tanto nacionales como internacionales.

Un informante recibe una recompensa en metálico del general Mario Montoya en Medellín en una ceremonia televisada a la que asistieron altos cargos del gobierno, incluido el Presidente Uribe (al fondo, a la derecha). © Reuters


El Presidente Uribe y varios ministros del gobierno han comparado frecuentemente la red de informantes civiles con los planes de vigilancia vecinales de algunos lugares de Europa. Se trata de una comparación errónea. Londres y París, por ejemplo, no son ciudades asoladas por la violencia armada y las graves violaciones de derechos humanos e infracciones del derecho internacional humanitario. No existe ningún conflicto armado en Estocolmo, Lisboa o Viena. Los habitantes de estas ciudades pueden participar en esos planes para combatir la delincuencia común sin temor a recibir un balazo en la cabeza o a que se ponga una bomba en la escuela de sus hijos. No van a ser atacados por guerrillas o por paramilitares respaldados por el ejército que por participar en ese plan los acusen de aliarse con sus enemigos.

La red fue criticada por la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y por la Defensoría del Pueblo.(36) Las críticas, compartidas por grupos nacionales e internacionales de derechos humanos, se basan en tres cuestiones. En primer lugar, al asignar a los civiles un papel directo en el conflicto, la distinción entre civiles y combatientes se difumina peligrosamente. Ni siquiera el gobierno parece tener clara esa distinción. En agosto de 2002, la entonces ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez, declaró que estos informantes no eran civiles, ya que tenían una relación directa con las fuerzas de seguridad y recibían un pago.(37)

En segundo lugar, los miembros de la red están expuestos a los ataques de la guerrilla. De hecho, ya están siendo blanco de esos ataques. Esto puede avivar los argumentos en favor de equipar a estas redes con armas, lo que facilitaría la aparición de un nuevo tipo de grupos paramilitares. Esta posibilidad se ha hecho muy real con la legislación propuesta en el Congreso que otorgaría a los civiles acceso a armas semiautomáticas, y con el decreto 1612, firmado por el presidente Pastrana el 31 de julio de 2002, que contiene disposiciones que permiten a los civiles portar armas y establecer sus propias cooperativas de seguridad para defenderse de los subversivos.(38) En marzo de 2003, los delegados de Amnistía Internacional fueron informados de que, entre los fallecidos por ataques de la guerrilla en varios lugares de Colombia, había miembros de las redes de informantes civiles.

En tercer lugar, los testimonios de informantes pagados y anónimos son poco fiables, ya que se permite que un informante decida según sus propios criterios quién es "sospechoso"; muchos informantes pueden sentirse motivados por las recompensas económicas ofrecidas por el Estado o las fuerzas de seguridad, y otros pueden verse influidos por rencillas o intereses personales. El uso de redes de informantes es especialmente poco fiable cuando esas redes se utilizan como sustitutos de investigaciones y procesamientos legítimos.

Muchos defensores de los derechos humanos y activistas sociales de Arauca y otros lugares de Colombia han sido detenidos sobre la base de información falsa ofrecida por informantes. Aunque las redes de informantes actúan en Arauca, las autoridades regionales temen que no se presenten suficientes voluntarios a causa del temor, bien fundado, a ser atacados por grupos de guerrilla. Esto, unido a los crecientes ataques de la guerrilla contra las fuerzas de seguridad, ha llevado al gobierno a pedir a la policía y el ejército que aumenten las recompensas ofrecidas a cambio de información. Es probable que esta medida dé lugar a más injusticias en el departamento.

Las familias de los informantes también han sido blanco de ataques. Según el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, publicado el 24 de febrero de 2003, al menos cinco familiares de informantes han sido asesinados en Saravena.(39)

Amnistía Internacional también ha recibido información que indica que, tras la captura de presuntos guerrilleros en Saravena, se han retransmitido por radio mensajes de felicitación a los lugares del municipio cuyos habitantes facilitaron la información que hizo posible la captura. Esas retransmisiones sugieren que las autoridades han adoptado una estrategia encaminada a conseguir que los civiles desempeñen un papel activo en el conflicto.


Soldado por un día

El Grupo de Operaciones Sicológicas (GEOS) del ejército introdujo el programa "soldado por un día" en el Batallón Rebeíz Pizarro en Saravena en noviembre de 2002, aunque, según los informes, quedó desmantelado a mediados de 2003 a raíz de la presión ejercida por la Procuraduría General. El programa iba dirigido a las escuelas y centros de enseñanza. En él se animaba a los niños de las escuelas públicas y privadas de Saravena a acudir a la base del batallón, donde jugaban con los soldados vestidos de payasos, utilizaban la piscina, participaban en rifas, recibían pasteles y refrescos y jugaban con los tanques mientras los soldados les enseñaban a manejar armas.

Según los informes, antes de regresar a sus casas los niños eran recompensados con una reproducción de un billete de 20.000 pesos en el que aparecía escrito: "El gobierno lo recompensa. Usted y su familia merecen otra oportunidad. ¡Vuélese ya!" (esto último referido a la guerrilla). El ejército asegura que el programa estaba ideado para "inculcar en los niños el amor por su patria" y para "fortalecer el amor y respeto por los símbolos patrios". Sin embargo, su propósito real no era exactamente ése. Tal como declaró el comandante del Batallón Rebeíz Pizarro, la intención del programa era "hacer que el hijo del guerrillero cuestione a su papá".(40)

Los testigos que han hablado con Amnistía Internacional también han dicho que los niños que acudían a estos actos eran utilizados para obtener información sobre la presunta actividad guerrillera de sus padres y otros familiares. Aunque, al parecer, el programa "soldado por un día" ha quedado desmantelado, a Amnistía Internacional le sigue preocupando que el ejército esté utilizando a niños para incriminar a sus padres, y considera que los efectos psicológicos que esta práctica puede tener en los niños son, en el mejor de los casos, inciertos. A la organización le preocupaba asimismo que se estuviera poniendo a niños en peligro al llevarlos a los cuarteles, un blanco militar para la guerrilla.

El ejército presionó a las escuelas de Saravena para que participaran en este programa y en actos similares, a pesar de la preocupación manifestada por maestros y padres. Tal como dijo un maestro: "El día viernes 25 de octubre de 2002 se estacionó una camioneta de la fuerza pública frente a la puerta del [colegio]. En ese momento un niño se acercó y me dijo que habían mandado decir que abriera la puerta que ellos necesitaban entrar. Inmediatamente conseguí las llaves y abrí la puerta. Inicialmente entraron dos miembros de la fuerza pública, luego entró otro. Nos saludamos muy cordial y en seguida me manifestaron que estábamos en el mes de los niños y que el Ejército Nacional tenía programado un evento para ellos con participación de payasos. Me invitaron para que llevara los niños en ese momento hasta el parque […]. Yo respondí que no era posible llevarlos por que ésta es una zona peligrosa y además no tenía autorización de los padres de familia y constantemente se están presentando […] balaceras contra la fuerza pública lo cual pone en riesgo la integridad de los niños y que en ese momento toda la responsabilidad recaía en la escuela. El hecho de no haber aceptado la invitación que me hacían los señores militares les molestó muchísimo, pues uno de ellos me dijo que los estaba tratando de delincuentes. Inmediatamente uno de ellos que portaba una cámara filmadora me la colocó de frente y me filma, otro militar todo enojado me pregunta mi nombre, el número de cédula y el nombre de la institución y estos datos los llevaron escritos".

Este maestro fue, posteriormente, uno de los 2.000 residentes de la zona detenidos en Saravena la noche del 12 de noviembre de 2002, aunque quedó en libertad sin cargos la misma noche de su detención tras ser interrogado y después de que le marcaran el brazo con tinta indeleble.

La organización por parte de las fuerzas armadas de actividades similares con niños, como el reparto de caramelos en el Día Universal del Niño o el montaje de circos, como parte de su programa de operaciones sicológicas es una práctica generalizada en todo el país. Varias unidades militares, entre ellas la XVIII Brigada, han organizado circos en distintas partes del país.

5. ESTRATEGIA PARA ESTIGMATIZAR A LA SOCIEDAD CIVIL

Los defensores de los derechos humanos y los activistas sociales están en primera línea de la lucha por los derechos políticos, sociales y económicos en Colombia. Esto se ve claramente en el departamento de Arauca, que cuenta con un movimiento sindical y de derechos humanos muy desarrollado y bien asentado desde hace mucho tiempo. Este movimiento denuncia activamente las violaciones de derechos humanos y las infracciones del derecho internacional humanitario por todas las partes del conflicto. A consecuencia de ello, las organizaciones que lo componen se han convertido en blanco de los ataques de quienes, en Colombia, desean silenciar sus denuncias. Esto hace temer que estén siendo blanco, cada vez con más frecuencia, de una estrategia coordinada del ejército y los paramilitares para empañar su imagen y minar su trabajo, tanto el de las organizaciones como el de los individuos que las forman, mediante detenciones arbitrarias y procedimientos judiciales, y que todo ello prepare el camino para que estos defensores y activistas se conviertan en blanco de ataques violentos de los paramilitares. Esta estrategia se ha visto complementada con una serie de medidas gubernamentales, introducidas unas de ellas en Arauca y otras en todo el país, destinadas a reforzar aún más la impunidad en Colombia.

En el conflicto colombiano, las fuerzas de guerrilla también han atacado a activistas sociales y defensores de los derechos humanos que han criticado las actividades de la guerrilla o han presentado alternativas socioeconómicas que no se ajustan a la ideología guerrillera.

Defensores de los derechos humanos, activistas sociales y dirigentes campesinos

Amnistía Internacional dispone de información que indica que las fuerzas de seguridad siguen deteniendo arbitrariamente a defensores de los derechos humanos, activistas sociales y dirigentes campesinos en Arauca. Muchas de esas detenciones tienen lugar durante operaciones en las que se detiene al mismo tiempo a decenas, incluso centenares o, en el caso de las detenciones de masa de Saravena de noviembre de 2002, millares de personas. Estas detenciones reciben el nombre de "pescas milagrosas", porque en ellas el ejército detiene a centenares de civiles con la esperanza de encontrar a presuntos "guerrilleros". Estas operaciones sirven para tachar